Los límites del aumento

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Hay decisiones que solo se entienden después de tomarlas mal.

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Hay una categoría de decisión que se aprende solo de una forma: tomándola, viviendo las consecuencias, ajustando. La teoría no enseña esto. Los consejos tampoco. La IA, definitivamente no.

Decidir a quién contratar. Decidir cuándo dejar un trabajo. Decidir entablar o terminar una relación. Decidir qué proyecto empezar y cuál soltar. Decidir cuándo defender una posición y cuándo cambiar de opinión. Cada una de estas tiene una característica común: el patrón que importa solo aparece después, en la consecuencia, comparada contra lo que esperabas.

La IA puede analizarte la decisión. Te muestra ventajas, desventajas, riesgos, escenarios. Pero ese análisis no produce el aprendizaje que produce haberla tomado mal. La diferencia es honesta: el análisis es información sobre la decisión. La experiencia es información sobre ti tomando esa decisión. Solo la segunda te enseña algo sobre cómo decidir mejor la próxima vez.

Cuando le pides a la IA que decida por ti, te ahorras la equivocación. Pero también te ahorras el aprendizaje que solo viene con la equivocación. La próxima decisión similar la vas a enfrentar con la misma poca calibración que tenías hoy, porque la calibración solo se construye con cuerpo en juego.

Hay decisiones donde delegar es razonable. Las que no van a repetirse, las que tienen consecuencias mínimas, las que son más eficiencia que formación. Pero las decisiones formativas (las que dicen quién eres cuando decides) esas hay que tomarlas, mal o bien, en primera persona.

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José

José Betancur

Ingeniero, escritor y arquitecto de futuros educativos. Escribe sobre tecnohumanismo enCódigo Humanoy dirige Imaginar Futuros EAFIT. Explora la intersección entre IA, creatividad humana y los futuros que podemos diseñar juntos.

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