Trabajar como artesano, no como operario

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Mostrar el trabajo a otro humano sigue siendo el mejor filtro.

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La IA es muy buena para auditarte hasta un punto. Le pides crítica, te muestra debilidades. Le pides contraargumentos, te los da. Le pides simulación de un lector escéptico, simula. Pero hay un punto donde la simulación se queda corta: cuando lo que necesitas es la mirada real de alguien que va a leer la pieza en su contexto real.

El humano real ve cosas que el modelo no. Ve la reacción emocional que el texto produce en él (que es información sobre cómo lo va a leer el lector final). Ve la pregunta que no hace pero que se le queda. El tono que no termina de funcionar para su contexto particular. El ejemplo que no aplica a la realidad que él conoce y que tú no.

Esos son datos que la IA no tiene cómo darte. No porque sea mala. Porque no tiene el cuerpo del lector. No vive en su mundo. No es la persona que vas a tener al frente cuando esto se use.

El oficio que descuida este filtro entrega trabajo que pasó por un auditor sintético y nunca por un lector real. Y eso se nota, eventualmente: el texto que sonaba bien fracasa porque no fue probado donde iba a ser leído.

Mostrar el trabajo a alguien real es lento, exige humildad y requiere que tengas a quién mostrar. Las tres cosas son trabajo del oficio. La IA acelera todo lo demás. Esto sigue siendo lo que sí cuesta.

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José

José Betancur

Ingeniero, escritor y arquitecto de futuros educativos. Escribe sobre tecnohumanismo enCódigo Humanoy dirige Imaginar Futuros EAFIT. Explora la intersección entre IA, creatividad humana y los futuros que podemos diseñar juntos.

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