Trabajar como artesano, no como operario

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El artesano no le tiene miedo a la herramienta nueva.

ilustración · apunte 079

Hay una reacción común al aparecer una herramienta poderosa: o se rechaza como amenaza, o se adopta como sustituto. Las dos están equivocadas en la misma dirección. Asumen que la herramienta y el oficio son competencia. No lo son.

El artesano sabe esto. Ha visto otras herramientas aparecer. La sierra eléctrica no reemplazó al carpintero: cambió qué hacían sus manos. El procesador de texto no reemplazó al escritor: cambió cómo se escribía. La cámara digital no reemplazó al fotógrafo: cambió el flujo, no el ojo. En cada caso, la herramienta absorbió una parte del trabajo y dejó al oficio lo que solo el oficio podía hacer.

La IA está en la misma posición. Va a absorber la parte del trabajo que se podía automatizar (la que era producción mecánica) y va a dejarle al artesano lo que solo el artesano puede hacer: el criterio sobre qué se hace, el acabado de lo que sale, el descarte de lo que sobra, la voz que solo viene de una posición específica.

El miedo a la herramienta nueva no protege el oficio. Lo deja anticuado. El operario que se niega a aprender la sierra eléctrica no preserva su artesanía: se queda atrás. El que la aprende sin reservas, pero sin pensar, pierde el oficio en el camino.

El artesano hace lo más difícil de las tres opciones: la aprende, la prueba, la integra. Y, en el proceso, identifica con más claridad qué de su trabajo no era automatizable. Eso es lo que se queda. Y se vuelve más visible que antes.

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José

José Betancur

Ingeniero, escritor y arquitecto de futuros educativos. Escribe sobre tecnohumanismo enCódigo Humanoy dirige Imaginar Futuros EAFIT. Explora la intersección entre IA, creatividad humana y los futuros que podemos diseñar juntos.

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