Aumentación con criterio

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Una buena pregunta cambia mientras la escribes.

ilustración · apunte 046

Escribir una pregunta es un acto de pensamiento si te tomas el tiempo. Empiezas con una versión, la lees, te das cuenta de que no es exactamente lo que necesitas saber. Reescribes. Aparece un matiz: la respuesta a esa pregunta no te serviría si no especificas esta restricción. La incluyes. Sigues escribiendo. Te das cuenta de que en realidad estás haciendo dos preguntas, no una. Decides cuál de las dos importa. Recortas la otra.

Cuando terminas, lo que está en pantalla no se parece a lo que ibas a escribir al empezar. Y la pregunta es mejor porque cambió.

Si tu prompt salió igual al primer intento, no escribiste una pregunta. Dictaste lo que ya tenías en la cabeza. Eso no es trabajo de pensamiento: es transferencia. Y la IA va a contestar a la versión que dictaste, no a la que habría aparecido si te hubieras detenido a pensarla.

Hay un costo en escribir despacio. La interfaz invita a la velocidad. El campo de texto está esperando. La sensación de fluidez se asocia con eficiencia. Y, sin embargo, las preguntas que más cambian las conversaciones son las que tardaron tres minutos en quedar redactadas.

Pensar es lento. La IA es rápida. Esa diferencia define quién está dirigiendo la sesión.

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José

José Betancur

Ingeniero, escritor y arquitecto de futuros educativos. Escribe sobre tecnohumanismo enCódigo Humanoy dirige Imaginar Futuros EAFIT. Explora la intersección entre IA, creatividad humana y los futuros que podemos diseñar juntos.

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