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Una cita que no puedes verificar no es una cita. Es un adorno con apariencia académica.
El gesto es familiar: "Como demostró Kahneman en su trabajo de 2011, los individuos sobrestiman…". Lleva nombre, año, contexto. Tiene la estructura de una referencia real. Te tranquiliza porque ese formato lo asocias con investigación.
A veces la cita existe. A veces el nombre y el año son correctos, pero la afirmación que se le atribuye no aparece en ese libro. A veces el autor existe pero no escribió eso. A veces ni el autor ni el libro existen. Las cuatro versiones se ven idénticas en pantalla.
La IA no inventa para engañar. Inventa para completar. Cuando una afirmación parece beneficiarse de respaldo académico, el modelo completa el respaldo. El nombre aparece porque, en los textos donde se ha tratado el tema, los nombres aparecen. La estructura "autor + año + obra" es lo que el contexto pide. La existencia real de la cita no es un requisito del patrón.
Esto es distinto de un error fáctico común. La cita inventada es peor porque viene con el sello de la verificabilidad. El error suelto puedes refutarlo desde lo que sabes. La cita falsa te invita a no refutarla: alguien con autoridad ya lo dijo, según parece.
Una referencia sin verificación no es una referencia. Es el adorno que tu lectura esperaba para bajar la guardia.
José
José Betancur
Ingeniero, escritor y arquitecto de futuros educativos. Escribe sobre tecnohumanismo enCódigo Humanoy dirige Imaginar Futuros EAFIT. Explora la intersección entre IA, creatividad humana y los futuros que podemos diseñar juntos.
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