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"Según estudios" sin un estudio citado es ruido con apariencia de evidencia.
"Estudios recientes demuestran…" "La investigación sugiere que…" "Los expertos coinciden en…" "Una creciente evidencia indica…"
Ninguna de esas frases es una referencia. Son la sombra de una referencia. Apuntan vagamente hacia un cuerpo de literatura que el lector debe asumir que existe, sin obligar a nadie a probar que existe.
La trampa funciona porque las palabras "estudios" e "investigación" llevan peso heredado. En un artículo serio, esas palabras vienen seguidas de una cita real. El modelo aprendió la construcción gramatical, pero la cita no entra al output. Queda la fórmula vacía con la promesa intacta.
Esto es distinto de una cita inventada. Una cita falsa al menos te da algo para verificar: un nombre, un año. Tienes con qué pillarla. "Según estudios" no te da nada. Es resistente a la verificación por construcción: no podrías refutarlo aunque quisieras, porque la afirmación no se compromete con ningún estudio en particular. Es evidencia con coartada.
La pregunta correcta al leer cualquiera de esas frases es: ¿qué estudios? Si la respuesta es genérica ("varios", "diversos", "los principales"), la afirmación no tiene respaldo. Tiene aroma a respaldo.
Una afirmación que apela a evidencia tiene que poder señalarla. Si solo puede invocarla, no es una afirmación con evidencia. Es una afirmación con marketing académico.
José
José Betancur
Ingeniero, escritor y arquitecto de futuros educativos. Escribe sobre tecnohumanismo enCódigo Humanoy dirige Imaginar Futuros EAFIT. Explora la intersección entre IA, creatividad humana y los futuros que podemos diseñar juntos.
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