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Pedirle a la IA que critique su propia respuesta es el primer filtro real.
Hay un gesto que cuesta tres segundos y filtra una porción visible de errores: después de la respuesta, escribir "ahora critica esa respuesta. ¿Qué tiene de débil? ¿Qué argumento es el más cuestionable?"
No reemplaza la verificación externa. El modelo no va a contradecir su propio núcleo. Pero sí va a soltar lo más blando del output: la cifra que dio con menos confianza, la frase que sabe que es generalización, la afirmación que le costó sostener desde el principio. Cosas que estaban implícitamente marcadas como dudosas y que pasaron al output porque la consigna era responder, no auditar.
Cuando le pides crítica, la consigna cambia. El modelo se libera de tener que defender la respuesta y se permite señalar lo que él mismo identifica como punto débil. No siempre lo dice, pero suficientes veces lo hace para que valga la pena.
Lo que aparece en esa segunda ronda es, casi siempre, lo que un revisor crítico habría notado en la primera. La asimetría es interesante: la misma información estaba disponible, pero la postura del modelo decide qué sale. Pedir crítica reconfigura la postura.
Esto es un filtro de barrido. No detecta la mentira sofisticada. Detecta lo que el modelo sabía que era débil y publicó igual.
Es el mínimo. Y, dicho honestamente, en muchas conversaciones es el único filtro que el usuario aplica.
José
José Betancur
Ingeniero, escritor y arquitecto de futuros educativos. Escribe sobre tecnohumanismo enCódigo Humanoy dirige Imaginar Futuros EAFIT. Explora la intersección entre IA, creatividad humana y los futuros que podemos diseñar juntos.
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