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Antes de preguntarle a la IA, escribe la respuesta que tú te darías. Esa es tu línea base.
Cuando no tienes una respuesta propia antes de recibir la de la IA, no puedes evaluar nada. El output llega y lo comparas contra el vacío. Si "suena bien", lo usas. Si no, pides otro. Pero "suena bien" no es criterio — es ausencia de criterio.
La línea base no tiene que ser correcta. Tiene que ser tuya.
Cuando escribes lo que tú responderías — aunque sean dos párrafos borradores, aunque sepas que te falta información — tienes algo contra qué medir. La respuesta de la IA, de pronto, te dice algo: confirma lo que ya pensabas, añade lo que te faltaba, o va en una dirección que no habías visto. Los tres casos son informativos. Sin la línea base, ninguno lo es.
La trampa es cómoda: si no escribiste nada primero, no hay forma de saber qué aportó la IA y qué ya era tuyo. Todo parece generado. Todo parece igual de ajeno. Y esa confusión entre lo que la IA hizo y lo que tú ya tenías es el principio de perder el criterio propio.
Escribe primero. No para competir — para saber qué llevas al encuentro.
Sin tu respuesta, recibes. No evalúas.
José
José Betancur
Ingeniero, escritor y arquitecto de futuros educativos. Escribe sobre tecnohumanismo enCódigo Humanoy dirige Imaginar Futuros EAFIT. Explora la intersección entre IA, creatividad humana y los futuros que podemos diseñar juntos.
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