Los límites del aumento

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Hay cosas que conviene saber que ya sabes.

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Saber algo no es lo mismo que poder consultarlo. La diferencia parece sutil hasta que importa.

Cuando sabes algo, lo aplicas sin pensar. La regla está dentro de ti, integrada en tu manera de actuar. La usas sin notarlo. Cuando puedes consultar algo, lo aplicas con un paso intermedio: verificas, recibes, aplicas. Suena igual de eficiente. No lo es.

Lo que verificas cada vez deja de estar dentro de ti. Migra al sistema de consulta. Y con el tiempo, la diferencia entre "lo sé" y "lo puedo consultar" se borra: ya no recuerdas si esa regla la tienes interiorizada o si simplemente sabes dónde buscarla.

Hay áreas donde eso da igual. Datos puntuales, normas que cambian, fórmulas raras. Que vivan en la consulta. Pero hay áreas donde no da igual: tu oficio, tu disciplina, las cosas que te identifican profesionalmente. Esas tienen que estar adentro. Porque parte de ser bueno en algo es saber rápido y con confianza, no consultar con prudencia.

El cirujano que verifica con IA cada decisión técnica menor no es más seguro: es más lento. Y, eventualmente, deja de saber lo que sabía. El abogado que consulta cada cláusula común deja de tener la intuición que distingue lo común de lo extraordinario. El cocinero que consulta cada paso de una receta básica nunca llega a la fluidez que separa al cocinero del operario de recetas.

Verificar lo que ya sabes te lo desaprende. Si lo sigues sabiendo, la verificación es el síntoma de que dejaste de confiar en tu propio conocimiento.

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José

José Betancur

Ingeniero, escritor y arquitecto de futuros educativos. Escribe sobre tecnohumanismo enCódigo Humanoy dirige Imaginar Futuros EAFIT. Explora la intersección entre IA, creatividad humana y los futuros que podemos diseñar juntos.

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