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Hay preguntas cuyo trabajo es no tener respuesta inmediata.
Hay un tipo de pregunta cuya función no es ser respondida. Es ser sostenida en el tiempo. ¿Qué quiero hacer con mi vida? ¿Vale la pena este proyecto? ¿Esta relación es la que quiero? ¿Estoy en el camino correcto? Cada una tiene una característica: la respuesta inmediata no sirve. Lo que sirve es vivir con la pregunta abierta, dejarla trabajar, observar qué aparece con el tiempo.
La IA no respeta este tipo de pregunta. Le preguntas algo así y te responde. Estructurado. Razonado. Aparentemente útil. Y en el momento en que recibes la respuesta, la pregunta se rompe.
No se rompe porque la respuesta sea mala. Se rompe porque la pregunta necesitaba seguir abierta. La incomodidad de no saber era lo que te estaba haciendo pensar, sentir, observar tu situación con atención. Una respuesta (aunque sea regular) cierra ese trabajo. La mente acepta el cierre, baja la guardia, y deja de procesar.
Eso es pérdida. Las preguntas grandes maduran lentas. Pasan por etapas. Cambian de forma. La respuesta que vas a darte en seis meses no se parece a la que te darías hoy si la forzaras. Las dos pueden ser razonables. Solo una se construye con tu vida adentro.
La IA está calibrada para reducir la incertidumbre. Para esas preguntas, la incertidumbre era el trabajo. Saber qué preguntas no consultar es parte del oficio de vivir con la herramienta sin dejar que viva por ti.
José
José Betancur
Ingeniero, escritor y arquitecto de futuros educativos. Escribe sobre tecnohumanismo enCódigo Humanoy dirige Imaginar Futuros EAFIT. Explora la intersección entre IA, creatividad humana y los futuros que podemos diseñar juntos.
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