Los límites del aumento

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La parte que duele del trabajo es la que firma.

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Hay un tipo de evidencia interna que la IA no puede producir por ti: el costo que sentiste al hacer el trabajo. Esa textura del esfuerzo es lo que sabe, sin tener que verificarlo, que fuiste tú quien lo hizo.

Cuando entregas algo que te costó, hay un peso. No solo el peso del resultado: el peso de las horas de pensar, de la frase reescrita siete veces, de las dos noches sin dormir bien porque no encontrabas la respuesta. Ese peso es invisible para los demás. Pero es la prueba para ti mismo de que el trabajo fue tuyo.

Cuando entregas algo que la IA hizo en segundos, hay otra cosa. Está el resultado. Está la satisfacción de haberlo terminado rápido. Pero no está el peso. La firma es tuya, pero no hay textura interna que respalde la firma. Si alguien te preguntara cómo llegaste a esa conclusión, no podrías reconstruir el proceso, porque no lo hubo.

Eso importa por dos razones. La primera es práctica: si no puedes reconstruir el proceso, no puedes defender el resultado cuando alguien lo cuestione. La segunda es de identidad: si firmas cosas que no te costaron, gradualmente dejas de saber qué cosas hiciste tú y qué cosas hizo la herramienta. Tu portafolio se llena de piezas indistinguibles, y tú quedas como administrador de output ajeno con tu nombre encima.

Lo que dolió es lo que sabes que es tuyo. La IA puede hacer todo lo demás. Pero el dolor del trabajo (esa textura interna) no se simula.

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José

José Betancur

Ingeniero, escritor y arquitecto de futuros educativos. Escribe sobre tecnohumanismo enCódigo Humanoy dirige Imaginar Futuros EAFIT. Explora la intersección entre IA, creatividad humana y los futuros que podemos diseñar juntos.

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