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Hay conversaciones que tienen que ser tuyas, palabra por palabra.
La IA puede escribir cosas mejores que las que tú podrías escribir. Más articuladas. Más estructuradas. Con metáforas más precisas. Esto es real para muchos contextos: un correo profesional, un informe técnico, un argumento académico. En todos ellos, la diferencia entre tu versión y la versión asistida puede ser ganancia neta.
Hay otros contextos donde esa diferencia es pérdida total.
Una despedida. Un duelo. Un perdón. Una declaración importante a alguien que quieres. Una carta a un hijo, a un padre, a una pareja en un momento difícil. En cualquiera de esos, lo que importa no es la calidad del texto. Es que las palabras hayan pasado por ti. Que la elección de cada frase haya sido tuya. Que el destinatario reciba algo que solo tú podías haberle dado, escrito en el tiempo que solo tú podías haberle dedicado.
Si la IA escribe eso (aunque escriba mejor que tú) no lo dijiste tú. Lo firmaste tú. La diferencia entre las dos cosas es enorme en un correo de trabajo, donde la firma es identidad funcional. Es absoluta en una despedida, donde la firma es la persona entera.
Esto no es purismo. Es geometría humana. Algunas comunicaciones importan por el contenido, otras por la presencia que el contenido transporta. Las primeras la IA mejora. Las segundas la IA cancela: el contenido puede ser mejor, pero la presencia no llegó.
Saber distinguir cuándo importa el contenido y cuándo importa la presencia es parte de seguir siendo humano usando una herramienta que puede sustituir el contenido sin avisar que canceló la presencia.
José
José Betancur
Ingeniero, escritor y arquitecto de futuros educativos. Escribe sobre tecnohumanismo enCódigo Humanoy dirige Imaginar Futuros EAFIT. Explora la intersección entre IA, creatividad humana y los futuros que podemos diseñar juntos.
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