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Lo que reutilizas se afina. Lo que reescribes cada vez se queda donde está.
Hay un principio de oficio que es invisible hasta que lo observas. Las herramientas que un artesano usa todos los días mejoran con el tiempo. No porque se construyan mejores, sino porque las afina: ajusta los mangos, marca las posiciones, le agrega tope a los cortes, descubre los ángulos en los que cortan mejor.
Las que usa una vez y guarda no mejoran. Quedan en el estado en que estaban el día que las recibió.
Con los prompts pasa lo mismo. El prompt que reutilizas mejora porque cada uso te enseña algo: dónde falla, qué le falta, qué casos no anticipó, qué restricciones no estaban claras. Si lo mantienes vivo (lo ajustas con cada lección) la versión actual es la mejor versión que has tenido. Y la próxima va a ser mejor aún.
El prompt que reescribes cada vez no acumula nada. La lección que aprendiste hoy se pierde antes del próximo lunes, porque la próxima vez vas a empezar de cero y olvidar el detalle específico que hoy era obvio. Mañana repites el mismo error. Y la semana próxima.
Esa diferencia, entre lo que se afina y lo que se queda donde está, es uno de los cortes más limpios entre el artesano y el operario. Uno construye su caja de herramientas con el tiempo. El otro empieza con la misma caja cada lunes.
Lo afilado lo afina su uso, si tú lo mantienes. Lo desechable se desecha igual.
José
José Betancur
Ingeniero, escritor y arquitecto de futuros educativos. Escribe sobre tecnohumanismo enCódigo Humanoy dirige Imaginar Futuros EAFIT. Explora la intersección entre IA, creatividad humana y los futuros que podemos diseñar juntos.
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