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La IA no resuelve problemas mal planteados. Los responde con elegancia.
La IA tiene una capacidad que casi nadie le reconoce: dar respuestas elegantes a preguntas que no debían hacerse.
Le pides una estrategia de posicionamiento para un producto que todavía no tiene clientes claros. Te devuelve un marco coherente. Le pides una crítica a una propuesta que no está bien fundamentada. Te devuelve observaciones razonables. Le pides un análisis de algo que en realidad era una decisión, no un análisis. Te devuelve el análisis perfectamente estructurado.
En los tres casos la respuesta es elegante. Y en los tres casos no resuelve nada, porque el problema estaba mal planteado.
La IA no rechaza preguntas mal hechas. No te detiene en la puerta diciendo "esto que estás pidiendo no tiene sentido sin aclarar antes X". Responde. Y la elegancia de la respuesta crea una ilusión peligrosa: que si la respuesta es así de pulida, la pregunta debía ser válida.
Esa inferencia es falsa. La calidad de la salida no certifica la del input. El modelo escribe igual de bien sobre problemas que tienen solución y sobre problemas que no la tienen. Sobre preguntas que importan y sobre preguntas que llenan tiempo.
Si la respuesta es elegante pero no te lleva más cerca de actuar, lo que tenías mal era la pregunta. Y la IA, sin avisar, te ayudó a parecer que progresabas.
José
José Betancur
Ingeniero, escritor y arquitecto de futuros educativos. Escribe sobre tecnohumanismo enCódigo Humanoy dirige Imaginar Futuros EAFIT. Explora la intersección entre IA, creatividad humana y los futuros que podemos diseñar juntos.
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