Lo que la IA está revelando sin que lo notemos

019

Usar IA para escribir lo que ya sabías escribir es la forma más cara de perder tu voz.

ilustración · apunte 019

Hay un uso de la IA que parece inocente porque produce resultados decentes. Le pides que redacte el correo, el párrafo de cierre, la explicación del concepto que tú dominas. Sale bien. Tú lo revisas, lo apruebas, lo envías. No perdiste nada visible.

Pero perdiste el proceso. Y el proceso era donde vivía la voz.

No es un costo económico. Es un costo de oportunidad: la versión de ti que habría escrito ese texto no se ejercitó. El músculo no se atrofia de golpe. Se va cediendo, decisión a decisión, cada vez que le delegas a la IA algo que tú habrías podido hacer. Al principio es eficiencia. Después es costumbre. Después ya no sabes si puedes hacerlo sin ayuda.

Lo que describes como "ahorrar tiempo" es, con frecuencia, evitar la incomodidad del proceso. Escribir cuesta. Requiere buscar la palabra, perder el hilo, volver a empezar, encontrar el orden que no sabías que existía hasta que escribiste la oración equivocada primero. Ese costo no es un defecto del proceso: es donde ocurre el pensamiento. La IA no lo elimina. Lo evita.

La diferencia importa.

Aumentar con IA tiene sentido cuando estás operando en territorio que no es el tuyo: formatos que no conoces, idiomas que no dominas, disciplinas donde eres principiante. Pero cuando le cedes lo que ya era tuyo, el costo no es el output. Es la capacidad de producirlo. Y esa capacidad, si no se usa, deja de estar disponible cuando la necesitas.

La voz no desaparece. Deja de usarse hasta que ya no sabes si sigue ahí.

foto
José

José Betancur

Ingeniero, escritor y arquitecto de futuros educativos. Escribe sobre tecnohumanismo enCódigo Humanoy dirige Imaginar Futuros EAFIT. Explora la intersección entre IA, creatividad humana y los futuros que podemos diseñar juntos.

inConectemos en LinkedIn →